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jueves, 18 de agosto de 2011

EL HOLANDES QUE ESTAFO A LOS NAZIS.post ASG


... Y LOS ALIADOS CASI LO MATAN POR ELLO


En 1945, a punto de acabar la Segunda Guerra Mundial, los americanos hicieron un hallazgo que hubiera hecho palidecer de envidia al mismísimo Indiana Jones. Oculto en una mina de sal, en Austria, los aliados encontraron un inmenso botín de guerra de los Nazis, que seguramente lo ocultaron allí, en espera de mejores días que nunca llegaron.

El botín escondido en aquella mina era cuantioso en oro, plata, joyas y obras de arte de incalculable valor, de las que apoderaron en cada pueblo y ciudad por las que pasaron.

Minas de Sal donde encontraron todo ese fabulo tesoro


En medio de todo este tesoro llamaba la atención un cuadro -desconocido hasta la fecha- del pintor holandés del S.XVII, Johanes Vermeer, famoso sobre todo por su fascinante cuadro La joven de la perla (conocido también como La Mona Lisa del Norte).
Este nuevo cuadro encontrado se llamaba La Mujer Adúltera y no estaba catalogado en la lista de obras del muy cotizado pintor. Fue enviado a donde varios especialistas y peritos de arte, quienes después de examinarlo no tuvieron dudas de que estaban ante un valiosísimo hallazgo, un Vermeer auténtico hasta ahora desconocido.

Guardias holandeses custodiando "La Mujer Adultera"

La Mujer Adúltera

Llenos de asombro, quisieron saber la procedencia del cuadro y gracias a la muy eficiente burocracia Alemana, que lo llevaba todo archivado, no fue tan difícil.
Para sorpresa de todos, se descubrió que el valioso cuadro no pertenecía a ninguna incautación o saqueo, sino que había sido comprado en Ámsterdam, y se había pagado por él la suma de 850.000 dólares en efectivo, y que su comprador había sido, nada más y nada menos, que Hermann Göring, el lugarteniente de Hitler.

Hermann Göring

Al buscar en los archivos al vendedor, se encontraron con un desconocido pintor llamado Han Van Meegeren, que curiosamente para esa época de la post guerra, gozaba de un nivel de vida bastante holgado, mucho más alto que el de un ciudadano promedio.

Enseguida fue detenido y acusado de ser cómplice de los nazis y de traición a la patria, esto último por traficar con obras del Patrimonio Cultural Holandés. Vender un Vermeer a los nazis fue visto como un sacrilegio para los holandeses, y era casi seguro que el desconocido pintor terminaría en la horca.

Han Van Meegeren, acusado de traficar con el patrimonio cultural holandés

Van Meegeren trató de justificar la procedencia del cuadro, pero cayó en numerosas contradicciones y no convenció a nadie. Así que, como ya se veía colgando de una cuerda, decidió contar la verdad. Confesó que él mismo había pintado el cuadro, que la tan cacareada obra de arte era solo una falsificación y que en total había vendido seis cuadros de su autoría, haciéndolos pasar como Vermeer auténticos y por los que le habían pagado grandes sumas de dinero.


Obviamente que ni los jueces ni los fiscales se creyeron la historia, además de que los expertos en arte certificaban al cuadro como auténtico y decían que era imposible que se tratase de una falsificación. Dadas las circunstancias y a punto de ser declarado culpable y llevado a la horca, Van Meegeren pidió al jurado que le permitiesen demostrarlo allí mismo, pintando un cuadro ante la corte que lo juzgaba, y su petición fue aceptada.


Empezó explicando las técnicas que utilizaba. Primero buscaba en tiendas de arte y galerías cuadros de poco valor, pero cuyas telas fueran del siglo XVII, luego seguía un minucioso proceso que imitaba el método de trabajo de Vermeer. Van Meegeren se había sumergió en las biografías de los antiguos maestros estudiando sus vidas, sus ocupaciones, sus técnicas y sus catálogos. Dijo que le tomó seis años poder imitar sus técnicas.

Utilizaba pinceles de pelo de tejón y para el tono azul usaba lapislázuli, que lo hacía traer de Inglaterra. La fórmula original del aceite para las mezclas dijo haberla sacado de viejos manuscritos y también usó ciertos productos químicos para que sus pinturas parecieran tener 300 años.
Después de terminar una pintura, la secaba con formaldehido, la horneaba entre 100 y 120ºC para endurecerla y luego la enrollaba en un cilindro para aumentar las grietas. Finalmente lavaba las pinturas en tinta china para rellenar e imitar las grietas y estrías que tienen las piezas del auténtico pintor.

Todo este proceso en manos de un buen artista como Van Meegeren, lograba que los cuadros realmente pareciesen auténticos Vermeer.

Entre julio y diciembre de 1945, y bajo la atenta mirada del jurado, reporteros y testigos, Van Meegeren pintó su última falsificación, "El joven Cristo en el templo".
Pintando frente a los jueces: El joven Cristo en el tiemplo

Este nuevo cuadro igualmente pasó la criba de todos los expertos que lo examinaron, asombrándose de su increíble capacidad de falsificación.
Casi concluída la obra

Al final del juicio, Han Van Meegeren logró salvar su vida. El 12 de noviembre de 1947 fue condenado tan solo a un año de prisión, pero nunca lo llegó a cumplir, porque antes de ser encarcelado sufrió un ataque cardíaco y murió el 30 de diciembre de 1947, a la edad de 58 años.
Lo más irónico de todo, es que durante el tan sonado proceso judicial se convirtió en una celebridad en su país. De traidor a la patria se convirtió en héroe nacional pues pasó a ser "el holandés que le metió el dedo a Goering", "el compatriota que engañó a los nazis", pero así es la vida, nunca pudo disfrutar de su fama.

En la actualidad, su trabajo como pintor es reconocido y sus cuadros y hasta sus falsificaciones se cotizan bastante bien, de hecho su viuda hizo una fortuna. Hoy en día, con las nuevas tecnologías, sus falsificaciones no pasarían como Vermeer auténticos, pues los análisis detectarían enseguida que los elementos usados para los colores no pertenecen al siglo XVII.

La mujer adúltera, obra por la que Van Meegeren casi termina en la horca. En la imagen dos especialistas observan el cuadro.

Hay que aclarar que Van Meegeren no falsificó solamente a Vermeer, mucho antes ya había imitado obras de algunos de los más famosos artistas del Siglo de Oro Holandés, entre ellos Frans Hals, Pieter de Hooch y Gerard ter Borch.

"La Malle Babbe"(A la izquierda el famoso cuadro de Frans Hals, a la derecha la versión de Van Meegeren)

Replicó tan bien los estilos y colores de los artistas copiados, que los mejores expertos y críticos de arte de la época siempre consideraban sus pinturas como genuinas.

"Los discípulos de Emaús", de Van Meegeren, en una exposición en Rotterdam

Su falsificación más exitosa fue "Los discípulos de Emaús", realizada en 1937 mientras vivía en el sur de Francia. Esta pintura fue aclamada por algunos de los más importantes expertos de arte como "la mejor obra de Vermeer que habían visto". Pues nada, era simplemente obra de aquel brillante y astuto pintor contemporáneo.

Fuente: sentadofrentealmundo

lunes, 15 de agosto de 2011

Los protegidos, Nicholas Alkemade by D.

Nicholas Alkemade era tripulante de un bombardero Lancaster, en la RAF (Royal Air Force) tenía el peor puesto del avión: La parte trasera del bombardero, justo el punto por el que solían atacar los aviones alemanes. Tenía a su cargo cuatro ametralladoras de 7,7 mm, en una burbuja de plexiglas en la que apenas cabía con la munición de reserva. Por ese motivo, se veía obligado a tener guardado su paracaídas fuera de la burbuja.Y así, un 24 de marzo de 1944, a la vuelta de un bombardeo sobre Berlín, su avión fue atacado por un Junkers Ju-88. Las llamas empezaron a apoderarse del avión, el oficial al mando dió la orden de salto. Nicholas se dió la vuelta, y vió horrorizado cómo su paracaídas era pasto de las llamas. Sabiendo de que la diferencia de presión y la falta de oxigeno le harían perder el conocimiento, Alkemade decide saltar. Pierde el conocimiento y cuando despierta, lo primero que nota es que hace casi tanto frío como cuando había saltado. Abre los ojos, y ve estrellas en el firmamento. Increíblemente, se había salvado. En vez de caer sobre rocas, había caído sobre unos árboles que con sus ramas habían ido amortiguando su caída para terminar aterrizando sobre una capa de medio metro de nieve. Sólo tenía una torcedura en la rodilla derecha. No se veía con fuerzas para andar, pero tampoco quería congelarse. No le importaba que le capturasen y le hiciesen prisionero de un campo de concentración, lo importante es que podía contarlo. Así que sacó su silbato reglamentario, y en menos de un minuto dos guardias nazis le recogieron. Se desmayó.Cuando despertó, lo primero que le dijo fue: "No paracaídas". Nadie creía posible que un hombre saltase sin paracaídas y que sobreviviese. Por lo que los alemanes le tomaron por un espía, que no encontraba mejor excusa. Fue trasladado a un campo de concentración cercano a Frankfurt, donde casi fue fusilado por espía. Pero por suerte para él, se encontraron los restos del avión, se pudo recuperar el paracaídas del sargento, probárselo, y ver que sí, que le pertenecía.Para acabar, los compañeros de la RAF le regalaron una Biblia, y apuntaron en una de las tapas:
"Dalag Luft.Las autoridades alemanas han investigado y comprobado que las declaraciones del sargento Alkemade, 1.431.537 de la RAF, son ciertas en todos sus aspectos, o sea, que realizó un descenso de 6.000 metros sin paracaídas y aterrizó sin sufrir heridas; su paracaídas había ardido dentro del avión. Aterrizó en la nieve, entre unos abetos. Corroboración atestiguada por: teniente de Aviación H.J. Moore, oficial superior británico; sargento de Aviación R.R. Lamb, 1.339.582; sargento de Aviación T.A. Jones, 411 suboficial superior británico.Fecha: 25 de abril de 1944".
Trabajó tras la guerra en una fabrica de productos químicos en la que sufrió varios accidentes sin tener ninguna herida de importancia. Se le cae encima una viga de acero de unos cien kilos de peso que tan sólo le deja inconsciente. Poco después recipiente de acido sulfurico cae sobre él sin que tenga quemaduras importantes ni que requieran hospitalización. En otra ocasión soportó una fuerte descarga eléctrica que le arrojó dentro de un depósito de cloro en que permaneció durante una hora hasta que fue rescatado, ileso sin daño alguno ni por la descarga ni por los vapores tóxicos del cloro.
Evidentemente, Nicholas Alkemate falleció de muerte natural, en 1987 a los 64 años. Su historia inspiró al director de cine M. Night Shyamalan el guión de: "El protegido" (2000)

La Música de El Lado Oscuro

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